Rupturas amorosas: ¡NO PUEDO SUPERAR LA SEPARACIÓN!


Este es un motivo de consulta que atiendo a diario, hombres y mujeres de diferentes edades, condiciones económicas y profesiones viviendo rupturas amorosas en las que sienten que están volviendo locos, pegados en ese capítulo y sin poder ver la salida de esa situación y poder recuperar su bienestar emocional: A continuación voy a mencionarles algunos puntos importantes (sé que no son todos pero quiero hacer una publicación que nos de una buena idea general y no un libro de psicología) para que podamos entender en primer lugar el porqué es difícil superar una ruptura, posteriormente haré otra publicación con recomendaciones sobre qué hacer concretamente para sobrellevar de la mejor forma esta complicada situación.

Quiero aclarar en primer lugar que las separaciones son un fenómeno psicológico complicadísimo y quiero pedirles que no desestimen el dolor que pueda estar viviendo a alguien en esta situación. 

No hay una igual que otra: Todas las rupturas se viven de formas distintas dependiendo de lo vivido en la relación y de la razón por la que terminaron. Por ejemplo, terminar con una persona después de haber conversado de forma respetuosa sobre el tema es muy distinto a descubrir una infidelidad, si el evento es inesperado menos tiempo vamos a tener para prepararnos psicológicamente y por ende nos afectará más. También nos afectará más cuando sabíamos que estábamos en una mala relación y decidimos quedarnos ahí esperando que las cosas cambiaran, dando toda nuestra energía por la relación, ese es el segundo punto que quiero plantear.

Inversión de tiempo y emociones: Es difícil resignarnos y aceptar que hemos perdido, muchísimas personas terminan viviendo situaciones verdaderamente tensas como consecuencia de no saber cuándo es prudente retirarse. Al vivir una relación damos lo más sagrado que tenemos: nuestro tiempo. Es sagrado porque nunca se recupera, el tiempo que uno gaste en algo sencillamente no vuelve jamás. Lo segundo sagrado que aportamos son nuestras emociones, nuestro afecto que es uno de los regalos más grandes que podemos hacerle a alguien, y uno muy delicado porque las emociones se pueden romper fácilmente.

Cuando una persona termina una relación entra en negación de haber perdido su tiempo y que sus emociones hayan sido lastimadas, en vez de aceptar esa realidad continúa con la idea de seguir salvando una relación que ha muerto.

Las rupturas afectan la imagen que tenemos de nosotros mismos: Constantemente estamos haciendo evaluaciones de nosotros mismos dependiendo de las situaciones que vivamos, si la relación terminó producto de una infidelidad nos cuestionamos qué nos hizo falta, en qué fallamos. Muchas personas desarrollan la idea de que no son suficientes, que algo les falto dar o hacer (pueden pasar muchas horas buscando razones). Hay quienes piensan que las buenas personas tienen buenas relaciones, basan su autoimagen en si tienen una relación o no, si la relación anda bien entonces son buenas personas, si no tienen una relación se sienten inadecuadas y defectuosas, interpretan el evento como un "fracaso personal". Su autoconcepto está situado en el exterior, en los demás y no autodeterminado. Tener una relación no nos hace ni más ni menos.

La mejora puede percibirse como algo malo: A veces sentimos que si superamos la relación o nos sentimos bien significa que somos malas personas porque sostenemos la creencia enfermiza de que si no nos duele no estamos honrando el cariño y el esfuerzo que pusimos en la relación, es ahí donde sentirnos bien nos genera culpa y esto impide que podamos continuar con nuestra vida y romper el lazo. No tomen esto a la ligera, muchas personas sufren para demostrarse que la relación les importaba, como si tuvieran que pagar una penitencia para demostrarse algo (sobra decir que esta creencia es tóxica y masoquista). 

Intoxicación emocional y manipulación: Cuando hemos vivido una relación enfermiza va a tomarnos algún tiempo desintoxicarnos, si la separación es reciente vamos a seguir pensando en términos de relación de pareja, en lo que sucede con la otra persona, con quién estará, en qué pensará en su día a día, incluso podemos cuestionarnos si estará sintiéndose mal por lo que sucedió. Algunas personas incluso van a seguir viviendo como si tuvieran una relación, cumpliendo normas de comportamiento establecidas en el vínculo (no ir a ciertos lugares, vestir de cierta forma, no hablar ni salir con determinadas personas). Lo más peligroso es cuando seguimos conservando las creencias enfermizas de la otra persona fuera de la relación de pareja, esto solamente genera malestar emocional.

Planteamos nuestra vida en función de la otra persona: Cuando vivimos una relación muy apegada o dependiente todo gira al rededor de esa persona y la relación, cuando las cosas han terminado vamos a experimentar un enorme vacío y dispondremos de muchísimo tiempo libre, el que antes le invertíamos a la relación. Esto es especialmente complicado porque vamos a tener mucho tiempo y nos sentimos tristes, el mal uso de este tiempo puede conllevar a la depresión y soledad.

Proyección a futuro: Los seres humanos desarrollamos objetivos y metas, vivimos cargados de ilusiones que nos motivan a obtener eso que hemos soñado. En el caso de las rupturas ya teníamos ideas de cómo queríamos que fuera nuestro futuro con esa persona, sin embargo estos sueños ya no van a poder darse y necesitamos desarrollar nuevas metas y objetivos. Tenemos que ser realistas aceptando que a partir de ahora la vida será distinta a lo que creímos que sería. Tenemos que darnos ese permiso y continuar.

Idealización, memoria selectiva y autoengaño: Tendemos a no ser objetivos con lo que realmente hemos vivido, la memoria es un fenómeno altamente engañoso pues no recordamos nítidamente las experiencias sino que las distorsionamos, podemos interpretar los eventos del pasado de una forma muy diferente a como realmente ocurrieron, en el caso de las separaciones tendemos a recordar fracciones de los hechos, determinados momentos, emociones y sensaciones. Podemos obviar completamente otras cosas que hemos vivido como los momentos tristes y dolorosos, aquellas situaciones que nos produjeron sufrimiento y un alto desgaste emocional. Nos torturamos con los "buenos recuerdos" sin sopesar que no todas las cosas fueron color de rosa. Esta memoria selectiva puede llevarnos a la idealización de la otra persona, a creer que es una buena pareja aunque si entendiéramos las dos caras de la moneda en la enorme mayoría de casos no lo sería. De esta forma nos autoengañamos, sujetándonos a una relación que ya no está y que, siendo objetivos, puede que no haya sido positiva para nosotros.

Que pasen un día increíble y no se olviden de compartir esta información con las personas que realmente aprecian y quieren,

Dr. Arnoldo Martínez, Psicólogo.
Citas: 2283 2424 - 8511 2734 (SMS - WhatsApp)



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